Más de 800 km recorrieron el jueves Jorge y Silvia Pepa, directores de la Fundación Pro-Alvear, en un extenso periplo que demandó casi quince horas con el objeto de visitar tres Escuelas Hogar situadas en el oeste pampeano donde hicieron entrega de diversos elementos donados por la entidad para mejorar su calidad educativa y las posibilidades de recreación de los alumnos que a ella asisten.
A la maratónica jornada se sumó Marcela Borthiry, Coordinadora de Área del Ministerio de Educación con sede en Victorica y, desde Pichi Huinca, la murga “Cachivaches” de la Escuela Hogar Nº 156 de esa localidad.
Durante la mayor parte del viaje se utilizó el mítico camino del Dakar, la Ruta 14, superando los vehículos a duras penas las dificultades que presentan algunos de sus tramos.
Las Escuelas beneficiadas con esta actividad de la Fundación fueron la Nº 155, de Colonia La Pastoril con 35 alumnos, Árbol Sólo donde asisten 23 niños y Jagüel del Monte donde se educan otros 27, todos a más de 200 kilómetros de la capital provincial.
En todos los casos, los alumnos permanecen alojados en los albergues de los establecimientos escolares. Unos pocos son hijos de familiares de la zona, generalmente puesteros de establecimientos rurales o miembros de alguna comunidad aborigen que viven en sus inmediaciones. En su mayoría, se trata de chicos procedentes de diversas localidades relativamente cercanas como Santa Isabel, Telén o Victorica, y otras más lejanas tal es el caso de Santa Rosa o Toay que han sido destinados allí por orden judicial debido a que han sido abandonados o pertenecen a familias indigentes o con algún conflicto social. Solo salen de visita a sus hogares cada 15, 30 o 45 días.
En consecuencia, para muchos de ellos, la Escuela es mucho más que el lugar donde se educan. Es el único lugar en el que encuentran personas que se preocupan por ellos, los contienen y le brindan muestras de afecto que quizás nunca recibieron de parte de su propia familia.
Por ello, la importancia de las posibilidades de recreación tanto al aire libre como también bajo techo, en vista a las inclemencias del tiempo que deben soportar durante los largos meses de invierno en parajes totalmente desérticos.
“Los chicos que están en estas Escuelas Hogares lo primero y lo que más necesitan es establecer un vínculo de afecto con sus docentes. Sólo así es posible que puedan aprender. Si no estuviera presente ese afecto, no solo con sus maestros, también con sus compañeros, no sería un Hogar en todo el sentido de la palabra. Acá pasan a formar parte de una gran familia y después, todo lo que acontezca estando presente ese vínculo, es favorable y permite avanzar en mejorar los saberes de estos chicos” explicó Marcela Borthiry.
Donaciones y agradecimientos
Con ligeras variantes en cuanto a las cantidades, de conformidad a los requerimientos y características particulares de cada establecimiento se entregaron instrumentos de geometría, de meteorología, laboratorio, computadoras, libros de cuentos, diccionarios y mapas. En uno de los casos, también máquinas de coser.
Para contribuir a la recreación de los niños, se donaron también guitarras, juegos didácticos, juguetes, películas, juegos de parque, mesas de ping pong y metegoles.
Las expresiones de agradecimientos fueron constantes, numerosas y variadas. En cada una de las Escuela se materializaron de diversas maneras.
En La Pastoril, por ejemplo, se llevó a cabo un acto escolar formal, seguido de la interpretación danzante de temas folklóricos, la actuación de un grupo musical formado por profesores de Educación Física de la zona, denominados “Cuatro de Copas” y una exquisita merienda con sobradas pruebas de las hábiles manos de las cocineras del lugar.
En Árbol Sólo, la comitiva fue agasajada con un almuerzo, poesías de los alumnos y el descubrimiento de una placa alusiva al acontecimiento además de la presencia de algunos padres y el cacique de la comunidad ranquel de la zona, Carlos Campú, nativo del lugar, quien se prestó a la requisitoria periodística.
Explicó el “Lonco” que su presencia obedecía a la importancia que su comunidad le otorgaba a la Escuela y recordó las incansables gestiones que tuvieron que hacer para lograr la reapertura de la misma cuando fue clausurada en el año 1995 debido a la escasa matrícula que registraba.
“Es la única posibilidad de que nuestros hijos se eduquen debido a la imposibilidad de que los mandemos a estudiar a otro lado, por la falta de medios de comunicación y evitar su desarraigo con respecto a sus familias y su cultura” afirmó al tiempo que valorizó como positivo y agradeció el gesto de Fundación Pro-Alvear.
Finalmente en Jagüel del Monte se exhibió un video relativo a la Escuela y actuó nuevamente el grupo “Cuatro de copas”. En todos los casos, la murga “Cachivaches” hizo las delicias de los pequeños y no faltaron las palabras de agradecimiento de parte de los directores.
Con pocas palabras, con cierta timidez pero muy elocuentes, fueron las muestras de agradecimiento de la mayoría de los chicos que se acercaron a los visitantes. Resultó emotivo ver que, muchos, le daban más importancia a la visita en sí que a los regalos recibidos. Una clara demostración de que esos chicos, más que educación, demandan afecto.
“Esta es una experiencia maravillosa, la verdad, no sé si me la imaginaba así” señaló Silvia Pepa, al hacer una evaluación final de la jornada “ha sido muy fuerte convivir con tantas emociones, con tantas muestras de agradecimiento que para nosotros es mucho más de lo que están recibiendo” y adelantó que esta actividad “no se agota aquí pues seguiremos trabajando con otros establecimientos educativos similares de esta zona tan alejada de nuestra provincia”.
Fuente: Tribuna Alvearense







